Abril 18, 2026
El sol hace estragos en la región de Medio Oriente. Foto: NASA
Las temperaturas en Medio Oriente aumentaron más rápido que lo esperado y que el promedio mundial en las últimas tres décadas. Las lluvias bajaron y los expertos predicen que las sequías vendrían con mayor frecuencia y severidad.
Por ejemplo, en Irak, hay muchas tormentas de arena arrasaron con ciudades enteras y la gente terminó en el hospital. El aumento de la salinidad del suelo en el delta del río Nilo de Egipto devoró tierras de cultivo. En Afganistán, la sequía ayudó a impulsar la migración de jóvenes de sus aldeas en busca de trabajo.
La conferencia anual sobre cambio climático de la ONU se hará en noviembre en Egipto. Los gobiernos de la región se dieron cuenta de los peligros del cambio climático, los cuales atacan las economías.
“Literalmente estamos viendo los efectos justo frente a nosotros. Estos impactos no son algo que nos afectará dentro de nueve o 10 años”, dijo Lama El Hatow, consultora ambiental sobre cambio climático que trabajó con el Banco Mundial y se especializa en Medio Oriente y África del Norte.
Egipto, Marruecos y otros países de la zona intensificaron las iniciativas de energía limpia. Pero una de las prioridades es impulsar más financiamiento internacional para lidiar con peligros que ya enfrentan por el clima. Una de las razones de la vulnerabilidad zonal es que no hay margen para amortiguar el golpe sobre millones de personas a medida que se aceleran las temperaturas.
Las economías e infraestructura son débiles, y las regulaciones no se aplican correctamente. La pobreza se extendió demasiado y el cambio de empleo es prioridad sobre la protección climática. Al mismo tiempo, naciones en desarrollo están presionando a dichos países para que reduzcan las emisiones.
Por otro lado, la ONU prevé que la producción de cultivos en Medio Oriente decaerá un 30% para 2025. Se espera que la región pierda entre un 6 y un 14% de su PBI para 2050 por la escasez acuática. Al respecto, el Mar Mediterráneo oriental experimentó su peor sequía en 900 años, según la NASA. Esto es un duro golpe para Siria y Líbano, donde la agricultura depende de las lluvias.
Fuente : Aurora Digital
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
El clima de la Tierra está cambiando más rápido de lo que esperábamos. Un nuevo estudio dirigido por el Instituto Weizmann de Ciencias revela que las tormentas en el hemisferio sur ya han alcanzado niveles de intensidad que antes se preveían sólo para el año 2080.
El cambio climático dará que hablar en un futuro no tan lejano. Foto: Creative Commons Una treintena de enormes e intrincadas redes informáticas sirven a los científicos que están en la vanguardia de la investigación sobre el cambio climático. Cada red ejecuta un programa informático compuesto por millones de líneas de código. Estos programas son modelos computacionales que combinan las miríadas de fenómenos físicos, químicos y biológicos que en conjunto forman el clima de nuestro planeta. Los modelos calculan el estado de la atmósfera, los océanos, la tierra y el hielo de la Tierra. Lo hacen captando la variabilidad climática pasada y presente y utilizando los datos para predecir el cambio climático futuro.
Estos resultados son analizados por los principales institutos de investigación de todo el mundo, incluido el Instituto Weizmann de Ciencias. Y luego se incorporan al informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU. Los responsables políticos se basan en el informe del IPCC para elaborar estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático, una de las mayores crisis de nuestra generación.
Un nuevo estudio, publicado hoy en Nature Climate Change, sin duda hará que el IPCC -y otros organismos medioambientales- tomen nota. Un equipo de científicos dirigido por Rei Chemke, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Weizmann, ha revelado una considerable intensificación de las tormentas invernales en el hemisferio sur. El estudio, realizado en colaboración con Yi Ming, de la Universidad de Princeton, y con Janni Yuval, del MIT, seguramente causará sensación en el debate sobre el clima. Hasta ahora, los modelos climáticos preveían una intensificación de las tormentas invernales provocada por el hombre sólo hacia finales de este siglo.
En el nuevo estudio, Chemke y su equipo compararon las simulaciones de los modelos climáticos con las observaciones actuales de las tormentas. Su descubrimiento fue sombrío. Quedó claro que la intensificación de las tormentas en las últimas décadas ya ha alcanzado los niveles previstos para el año 2080.
«Una tormenta de invierno es un fenómeno meteorológico que dura sólo unos días. Individualmente, cada tormenta no tiene mucho peso climático. Sin embargo, el efecto a largo plazo de las tormentas de invierno se hace evidente cuando se evalúan los datos acumulados recogidos durante largos períodos de tiempo», explicó Chemke. De forma acumulada, estas tormentas tienen un impacto significativo, afectando a la transferencia de calor, humedad y momento dentro de la atmósfera, lo que consecuentemente afecta a las distintas zonas climáticas de la Tierra.
«Un ejemplo de ello es el papel que desempeñan las tormentas en la regulación de la temperatura en los polos de la Tierra. Las tormentas de invierno son responsables de la mayor parte del transporte de calor desde las regiones tropicales hacia los polos. Sin su contribución, las temperaturas medias de los polos serían unos 30°C más bajas». Asimismo, la intensificación colectiva de estas tormentas supone una amenaza real y significativa para las sociedades del hemisferio sur en las próximas décadas.
«Elegimos centrarnos en el Hemisferio Sur porque la intensificación registrada allí ha sido más fuerte que en el Hemisferio Norte», dijo Chemke. «No examinamos el Hemisferio Norte. Pero parece que la intensificación de las tormentas en este hemisferio es más lenta en comparación con la del Hemisferio Sur. Si la tendencia persiste, observaremos una intensificación más importante de las tormentas invernales aquí en los próximos años y décadas».
En su laboratorio del Instituto Weizmann, Chemke investiga los mecanismos físicos que subyacen al cambio climático a gran escala. En este estudio, él y sus compañeros de investigación trataron de entender si estos cambios en los patrones climáticos fueron causados por factores externos (como la actividad humana), o si han sido el resultado de las fluctuaciones internas del sistema climático global. Analizaron modelos climáticos que simulaban patrones de intensificación de tormentas bajo la influencia aislada de causas climáticas internas, sin impacto externo. Demostraron que, en los últimos 20 años, las tormentas se han intensificado más rápido de lo que puede explicar el comportamiento climático interno por sí solo.
Además, los investigadores descubrieron el proceso físico que subyace a la intensificación de las tormentas. Un análisis de la tasa de crecimiento de las tormentas demostró que los cambios en las corrientes de chorro atmosféricas de las últimas décadas han provocado estas intensificaciones. Y que los modelos climáticos actuales son incapaces de reflejar estos cambios con precisión.
El estudio de Chemke, Ming y Yuval tiene dos implicaciones inmediatas y considerables. En primer lugar, muestra que no sólo las proyecciones climáticas para las próximas décadas son más graves que las evaluaciones anteriores, sino que también sugiere que la actividad humana podría tener un impacto mayor en el hemisferio sur de lo que se estimaba anteriormente. Esto significa que se requiere una intervención rápida y decisiva para detener el daño climático en esta región. En segundo lugar, es necesario corregir el sesgo de los modelos climáticos para que éstos puedan ofrecer una proyección climática más precisa en el futuro.
¿Podrían los modelos climáticos estar prediciendo incorrectamente otros fenómenos importantes? «Los modelos están haciendo un muy buen trabajo en la predicción de casi todos los parámetros», dice Chemke. «Hemos descubierto un parámetro para el que hay que ajustar la sensibilidad de los modelos. Los cambios en la temperatura, las precipitaciones, el hielo marino y los patrones de las tormentas de verano, por ejemplo, se están simulando con precisión».
Se espera que las conclusiones del estudio ayuden a los investigadores del clima de todo el mundo a corregir el sesgo de los modelos y a crear una predicción más precisa de los patrones climáticos futuros. Además, la comprensión actualizada de la intensificación de las tormentas invernales en las últimas décadas nos ayudará a comprender mejor el estado del clima de la Tierra. Los científicos del clima podrán ahora estimar con mayor precisión la magnitud de los daños que se prevé que cause el cambio climático. Estos daños sólo podrán mitigarse si la humanidad interviene y asume su responsabilidad en el futuro del planeta.
Fuente: Aurora Digital
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante

Hay interacciones humanas que dejaron una marca indeleble en el planeta mucho antes de mediados del siglo XX, según un grupo de científicos del University College de Londres. En la colonización de América, a finales del siglo XV, se mató a tantas personas que se perturbó el clima de la Tierra.
Esa es la conclusión de un grupo de científicos del University College de Londres (Reino Unido).
De acuerdo con los investigadores, la alteración que provocó el asentamiento europeo en el continente americano llevó al abandono de una enorme superficie de tierras agrícolas que fue ocupada por árboles de rápido crecimiento y otro tipo de vegetación.
Cómo la Inquisición dejó su huella en el ADN de los latinoamericanos Esto quitó suficiente dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera como para que, con el tiempo, se enfriase el planeta.
Se trata de un período de enfriamiento al que los libros de historia a menudo llaman la "Pequeña Edad de Hielo".
¿Qué muestra el estudio? Durante la "Pequeña Edad de Hielo" el río Támesis, en Londres, se congelaba regularmente en invierno.
El equipo revisó todos los datos de población existentes sobre el número de personas que vivían en América antes del primer contacto con los europeos, en 1492.
Luego analizaron cómo cambiaron esos números en las siguientes décadas por la devastación por enfermedades introducidas (viruela, sarampión, etc.), las guerras, la esclavitud y el colapso social.
Según las estimaciones de este grupo de científicos, a finales del siglo XV vivían en América 60 millones de personas (aproximadamente el 10% de la población mundial), que se redujeron a solo 5 o 6 millones en un período de cien años.
La fascinante historia de la carta que Colón escribió tras llegar a América y que EE.UU. acaba de devolver a España El pequeño pueblo donde españoles y portugueses se repartieron América "La masacre de los pueblos indígenas de América condujo al abandono de suficiente tierra cultivada como para que la absorción de carbono terrestre resultante tuviese un impacto detectable tanto en el CO₂ atmosférico como en las temperaturas de la superficie terrestre", afirman Alexander Koch y sus colegas en su artículo publicado en Quaternary Science Reviews.
Los científicos calcularon cuánta tierra previamente cultivada por civilizaciones indígenas habría caído en desuso y cuál sería el impacto si en esta tierra crecieran bosques y sabanas. Según algunos científicos, a finales del siglo XV vivían en América 60 millones de personas, que se redujeron a solo 5 o 6 millones en un período de cien años.Se trata de un área de 56 millones de hectáreas, un tamaño parecido al de Francia.
Se calcula que esta escala de recrecimiento vegetal redujo suficiente CO₂ como para que la concentración de este gas en la atmósfera disminuyese en 7-10 partes por millón (es decir, 7-10 moléculas de CO₂ en cada millón de moléculas en el aire).
¿Llegaron los vikingos a América antes que Colón?: el sorprendente descubrimiento que resolvió el misterio milenario "Para ponerlo en el contexto moderno, actualmente producimos aproximadamente 3 partes por millón (ppm) por año. Por lo tanto, estamos hablando de una gran cantidad de carbono extraído de la atmósfera", explica el profesor Mark Maslin, coautor del estudio.
"Hay un marcado enfriamiento alrededor de esa época (1500-1600) que se llama 'Pequeña Edad de Hielo'", continúa.
"Lo interesante es que hay procesos naturales que influyen un poco en el enfriamiento, pero, en realidad, para llegar al enfriamiento completo -que duplica a los procesos naturales- hay que añadirle esta caída en CO₂ generada por la masacre".
¿En qué se basan para afirmar esa conexión? Un núcleo de hielo es una muestra cilíndrica de hielo que se obtiene mediante la perforación del sustrato. Permite estudiar las características del hielo acumulado en el curso del largos intervalos.
La caída de CO₂ en la mencionada época es evidente en los registros del núcleo de hielo de la Antártida. Las burbujas de aire atrapadas en estas muestras congeladas constatan una caída en la concentración de dióxido de carbono.
La composición atómica del gas sugiere, además, que la disminución está impulsada por procesos terrestres en algún lugar de la Tierra.
El monumento a los esclavos que enfrenta a Portugal con su pasado colonial y con el racismo de hoy El equipo de investigadores agrega que la historia encaja con los registros de depósitos de carbón y polen en América.
Estos registros muestran el tipo de alteración esperada por la disminución del uso del fuego para gestionar la tierra y un gran recrecimiento de la vegetación natural.
Ed Hawkins, profesor de ciencias del clima de la Universidad de Reading (Reino Unido), no participó en el estudio, pero comenta: "Los científicos creen que la llamada Pequeña Edad de Hielo fue causada por varios factores: una caída de los niveles de dióxido de carbono de la atmósfera, una serie de grandes erupciones volcánicas, cambios en el uso de la tierra y una disminución temporal de la actividad solar".
Criollos, mestizos, mulatos o saltapatrás: cómo surgió la división de castas durante el dominio español en América "Este nuevo estudio demuestra que la caída de CO₂ en parte se debe a la llegada de los europeos a América y a la consiguiente caída de la población indígena, lo que permitió el recrecimiento de la vegetación natural", dice Hawkins. Las propuestas para frenar el el calentamiento global se enfrentan a grandes desafíos.
Y agrega: "Esto demuestra que las actividades humanas afectaban al climamucho antes del inicio de la Revolución Industrial".
¿Se pueden sacar lecciones para la política climática moderna? Chris Brierley, coautor del estudio, asegura que las consecuencias de la terrible disminución poblacional y el aumento de vegetación salvaje en América ilustran el desafío al que enfrentan algunas soluciones propuestas para frenar el calentamiento global.
"Se habla mucho sobre los enfoques de 'emisiones negativas' y de la plantación de árboles para eliminar CO₂ de la atmósfera y mitigar el cambio climático", explica Brierley a la BBC.
"Lo que vemos en este estudio es la escala que se requiere para conseguirlo", dice. Los científicos creen que las actividades humanas afectaban al clima mucho antes del inicio de la Revolución Industrial.
En palabras del experto: "La masacre hizo que se reforestase un área del tamaño de Francia y el resultado fue solo unas pocas partes por millón. Esto es útil porque nos muestra lo que puede conseguir la reforestación".
"Pero, al mismo tiempo, se trata de una reducción que equivale tal vez a solo dos años de emisiones de combustibles fósiles a la tasa actual".
El estudio también arroja luz en las discusiones sobre la creación de una nueva etiqueta para describir la época -y el impacto- de la humanidad en la Tierra.
Esta época se llamaría Antropoceno y actualmente existe un agitado debate sobre cómo se tiene que reconocer en el registro geológico.
¿Qué es el Antropoceno, la "Edad de los humanos" que expertos aseguran hemos entrado? Algunos investigadores afirman que sería más obvio en los depósitos que registran la gran aceleración de la actividad industrial desde la década de 1950.
Pero el equipo de científicos del University College de Londres argumentan que la masacre en América muestra que hay interacciones humanas que dejaron una marca profunda e indelebleen el planeta mucho antes de mediados del siglo XX.

Jonathan Amos Corresponsal de Ciencia de la BBC
Tsumani destruye ciudad de la costa en Japón
Tsunami que golpeó a Japón en marzo del 2011.
El cambio climático está provocando el aumento del nivel mar, lo que incrementa el peligro de catástrofes por "tsunamis devastadores", según un nuevo estudio de científicos.
Incluso un aumento menor del nivel del mar, como 30 cm, plantea mayores riesgos de tsunamis para las ciudades costeras en todo el mundo.
Estos hallazgos se encuentran en el centro de un nuevo estudio de avances científicos, encabezado por un equipo de científicos del Observatorio de la Tierra de Singapur, la Escuela Asiática de Medio Ambiente de la Universidad Tecnológica de Nanyang y la Universidad Nacional de Taiwán, con apoyo crítico de Robert Weiss de la Universidad de Virginia Tech en Estados Unidos, profesor asociado del Departamento de Geociencias,
"Nuestra investigación muestra que el aumento del nivel del mar puede incrementa significativamente el riesgo de tsunami, lo que significa que tsunamis más pequeños en el futuro pueden tener los mismos impactos adversos que los grandes tsunamis de hoy", explicó Weiss.
Weiss y sus colegas de investigación crearon tsunamis simulados por computadora al nivel del mar actual y con aumentos futuros en el nivel del mar en Macau, una región costera densamente poblada ubicada en el sur de China que generalmente está a salvo de los riesgos actuales de tsunami.
En las condiciones actuales, para que tenga lugar una inundación generalizada en Macao, tendría que producirse un terremoto de más de 8,8 de magnitud.
Sin embargo, tras analizar más de 5.000 simulaciones, los científicos comprobaron que la probabilidad de que se produjeran inundaciones inducidas por tsunamis aumentaban drásticamente.
Con un aumento de 45 centímetros en el nivel del mar, esta posibilidad sería hasta 2,4 veces mayor, mientras que con una subida de 91 centímetros, esta se multiplicaría hasta 4,7 veces. Los investigadores calculan que, debido al cambio climático, las aguas podrían alcanzar esos niveles en 2060 y 2100, respectivamente.

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Pacifico Comunicaciones

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