CONFIANZA ANTE LA ADVERSIDAD
Reflexionemos los peruanos sobre los hechos ocurridos de una experiencia que involucró a la mayor parte del territorio de la nación, con un movimiento sísmico de intensidad, calificada como terremoto, con sacudimiento del terreno, ocasionado por fuerzas interiores del globo, que tubo repetidas réplicas.
Las vibraciones fueron longitudinales, y el epicentro establecido se localizó a 60 kilómetros al Oeste de Pisco, en el Departamento de Ica y a una relativa profundidad de menos de 50 kilómetros, por lo cual siendo muy fuerte en intensidad, hubiese tenido repercusión mayor de destrucción y muerte, sobretodo en la ciudad Capital.
La sismología como ciencia, permite medir, más no predecir, adelantándose en las investigaciones, con aplicaciones prácticas, y que sirve también para ir conociendo la estructura interna del suelo que nos sustenta, utilizando aparatos sismológicos, que están muy adelantados.
Frente a las realidades de fenómenos de destrucción, establecidos por la naturaleza de la tierra, donde el ser humano ha sido puesto para sojuzgarla, sigue planteándose preguntas básicas, el final y la continuidad de la vida humana. El hombre moderno, el hombre de la informática, no se resigna al desmoronamiento de la vida.
Surge entonces el problema escatológico, condicionado al futuro del hombre, íntimamente asociado al cristianismo, como una verdad absoluta de esperanza, más no condicionada a las motivaciones, de todo un sistema de ideas, como consecuencia de la crisis histórica humanista de los tiempos.
Respondamos al desafío personal, viviendo en un mundo sin fronteras, rescatando el verdadero sentido de la fe, ante los cambios producidos en el pensamiento, de la visión humanista y los antivalores, que sucumben, en el espacio tiempo histórico, de la temporabilidad del hombre en su existencia.
Confianza para alcanzar en lo profundo del alma, conciencia de eternidad, vivimos tiempos proféticos, negarlo es desconocer la Soberanía del que tiene autoridad espiritual sobre todo lo creado, aquel Ser Supremo Invisible, que se manifiesta en lo visible, para reconocer que somos malos al desconocer Su intervención en el mundo.
Miremos la realidad de la tragedia de nuestros hermanos en el Sur Chico, unámonos en una cruzada de solidaridad cristiana, en unidad sintamos la carga profunda de nuestras actitudes, para bendecirles en estos momentos de adversidad. Oremos por el Perú, y por todos los peruanos y de las palabras pasemos a la acción
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