EL CAMBIO SOCIAL RELIGIOSO
En tiempos en que los antiguos fundamentos morales y espirituales de la vida, están experimentando una sacudida espantosa por nuevas corrientes de pensamiento y conducta, es conveniente enfatizar los principios permanentes de libertad y justicia, ya que ambos son afines a la política y la religión.
En un Estado libre le debe ser reconocido a cada uno el derecho, de pensar lo que le parece y manifestarlo, por tanto no debe ser impedido aplicando el respeto a la libertad del pensamiento, lo cual no ofende en modo alguno, tampoco el sentimiento religioso, sino por el contrario asegura defender los abusos de autoridad.
La política y la religión de constante cambio, se manifiestan en lo social expresado en la Sociología, como la ciencia que estudia el comportamiento humano en su participación individual, aplicado a sus propias creencias, con repercusión moral y social, pero también siendo parte del quehacer de la vida humana con sus variables ideológicas.
América Latina se vienen transformando muy rápidamente, desde la segunda mitad del Siglo XX, habiendo surgido en todos los países de la región, movimientos religiosos, los cuales han conquistado poco a poco y de manera creciente un espacio fuera de la religión tradicional católica, formando estructuras religiosas, con participación política.
Esta es la realidad en países como Chile, Guatemala, Colombia, y también Perú, siendo la experiencia mayor en las elecciones del año 1990, en que se produce la acción política, a través de la demanda religiosa, como producto de ser tomados en cuenta como minorías religiosas, en las luchas políticas por la modernidad liberal.
La presencia de actores políticos confesionales, principalmente de origen evangélico histórico y pentecostal, refuerzan el principio de separación entre la Iglesia y el Estado, tal como lo proclaman las constituciones liberales adoptadas por el conjunto de los países de la región durante los últimos siglos.
Sin embargo, es necesario concurrir a los derechos humanos, con seriedad y ecuanimidad, porque no tiene plena solución frente a los aspectos históricos jurídicos y sociales, constituyendo un tema sensible de profunda reflexión espiritual, por encima del tratamiento político religioso, para quienes queremos construir una sociedad más justa, basado en la Soberanía de Dios.
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